viernes, 6 de febrero de 2026

RUSIA. Preparados ante cualquier escenario tras el fin del acuerdo armamentístico con EEUU

 


El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que Rusia está preparada para cualquier escenario, incluido uno en el que tenga que “vencer” sin un marco de control de armamento estratégico con Estados Unidos. Lavrov señaló que Moscú no busca una carrera armamentística, pero considera que Washington ha destruido los mecanismos de confianza mutua y verificación al utilizar el control de armas como instrumento de presión política, en el contexto de la confrontación global con Rusia.

Según el jefe de la diplomacia rusa, el país mantendrá su capacidad de disuasión estratégica al nivel necesario para garantizar su seguridad nacional, incluso si no se restablecen los acuerdos con Estados Unidos. Lavrov insistió en que cualquier negociación futura deberá basarse en la igualdad y el respeto mutuo, y advirtió de que la negativa estadounidense a reconocer las preocupaciones de seguridad rusas empuja al mundo a un escenario más inestable, con menos límites y mayor riesgo en materia nuclear.

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jueves, 5 de febrero de 2026

¿Qué significa el colapso del orden mundial para Asia?


Salman Rafi Sheikh

New Eastern Outlook
mar, 03 feb 2026 15:43 UTC

El colapso del orden mundial no comenzará con una guerra en Asia, sino con la constatación de que las normas ya no obligan a los fuertes y las alianzas ya no comprometen a los poderosos. En Davos, los líderes europeos y canadienses no se limitaron a criticar la política estadounidense, sino que cuestionaron la durabilidad del propio sistema de posguerra.


Las renovadas amenazas del presidente Donald Trump sobre Groenlandia hicieron explícita la ruptura. Se lleve a cabo o no, el mensaje fue inequívoco: el principal artífice del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial está ahora dispuesto a violar sus propias reglas. Para Asia, que se alzó dentro de este sistema sin darle forma, las consecuencias serán inmediatas y estructurales.

El orden mundial se está desmoronando

Cuando los líderes occidentales se reúnen en Davos, suelen aprovechar el ritual para reafirmar su fe neoliberal en la cooperación, los mercados y las instituciones multilaterales. Este año, el ambiente y la intención fueron diferentes. En lugar de mostrar confianza en el orden basado en normas, los discursos de los líderes europeos y canadienses transmitieron inquietud sobre su durabilidad. Lo que más destacó no fue simplemente la preocupación por las decisiones políticas de Estados Unidos, sino el reconocimiento de que el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial se está derrumbando desde dentro. Tal y como están las cosas, Estados Unidos también se ha retirado de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El sistema internacional posterior a 1945 se basaba en un acuerdo. Estados Unidos proporcionaba garantías de seguridad y prometía mantener los mercados abiertos, mientras que sus aliados aceptaban el liderazgo estadounidense y las restricciones institucionales. Este acuerdo nunca fue altruista, pero generaba previsibilidad. Incluso cuando el poder era desigual, se mediaba a través de normas, alianzas y procedimientos compartidos. Aunque estas normas se elaboraron en Occidente, el hecho de que incluso este acuerdo se encuentre ahora bajo presión muestra la magnitud del colapso. En el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, advirtió que el sistema de gobernanza mundial se enfrenta a una «ruptura» más que a una transición suave, y argumentó que las potencias medias deben desempeñar un papel más activo en la estabilización de la política internacional. Los funcionarios franceses se hicieron eco de preocupaciones similares, haciendo hincapié en la necesidad de la autonomía estratégica europea en respuesta a la creciente imprevisibilidad de Washington.

Esto se debe precisamente a que Estados Unidos ha difuminado cada vez más la línea entre la gestión de las alianzas y la coacción. El episodio inquietó a las capitales europeas y suscitó preocupación en las instituciones financieras internacionales. El Fondo Monetario Internacional, institución clave en la gestión del orden económico neoliberal, ha advertido de que la escalada de disputas comerciales y tensiones geopolíticas podría socavar el crecimiento mundial y la estabilidad financiera.

China, por su parte, se ha mantenido al margen de la cuestión de Groenlandia en sí, pero no de sus implicaciones más amplias. En cambio, ha optado por enviar un mensaje familiar: que Europa debería reducir su dependencia de las garantías de seguridad de Estados Unidos y buscar una mayor autonomía estratégica. El mensaje de China no es retórico, sino estratégico. Tiene implicaciones no solo para lo que ocurre en Europa, sino también para lo que podría suceder en la región asiática, que observa el desmoronamiento del «antiguo» orden mundial con mucha tensión.

La exposición de Asia en un mundo centrado en el poder

En 2024, Asia representaba casi el 60 % del crecimiento mundial . Aunque tenía poco que decir en el diseño del orden mundial, su creciente cuota comercial demuestra que se benefició de él. Por un lado, las garantías de seguridad de Estados Unidos, especialmente en la era posterior a la Guerra Fría, redujeron la probabilidad de una guerra entre Estados, mientras que los mercados abiertos permitieron un crecimiento impulsado por las exportaciones en Japón, Corea del Sur, el sudeste asiático y, más tarde, China. Ese marco ayudó a suprimir las rivalidades regionales sin resolverlas necesariamente. Sin embargo, a medida que el sistema se debilita, Asia se ve expuesta de forma única. A diferencia de Europa, carece de mecanismos institucionales densos capaces de absorber las crisis cuando los compromisos de las grandes potencias flaquean. El resultado no es un caos inmediato, sino una creciente incertidumbre.

En el contexto de una política estadounidense cada vez más abierta y agresivamente transaccional, los aliados de EE. UU. en la región están reevaluando supuestos que antes se daban por sentados. Japón y Corea del Sur están ampliando sus capacidades de defensa. Los Estados del sudeste asiático están diversificando sus alianzas de seguridad. Australia está profundizando sus lazos regionales al tiempo que mantiene su alianza con Washington. Estos cambios reflejan una cobertura estratégica más que un realineamiento total.

La fragmentación económica agrava el problema. La integración de Asia en las cadenas de suministro mundiales dependía de la apertura y la previsibilidad. Esa premisa se está erosionando a medida que la política comercial y las sanciones se utilizan cada vez más como arma. Para Asia, esto no significa desglobalización, sino regionalización y nacionalización agresiva del comercio y la economía sin una aplicación estricta de las normas y/o la voluntad de seguir las normas establecidas.

Si bien es innegable que el colapso del orden liderado por Estados Unidos es inevitablemente una buena noticia, en la medida en que coloca a las economías asiáticas en posición de reescribir las reglas del juegoel problema para Asia radica precisamente en su capacidad para llenar el vacío de forma rápida y decisiva. Lo que estamos presenciando es probablemente un giro decisivo hacia la multipolaridad. China, a diferencia de Estados Unidos, no parece tener ambiciones imperiales de gobernar unilateralmente el mundo. Para Pekín, un orden multipolar es lo que mejor funciona. Por lo tanto, las economías asiáticas deben responder en consecuencia.

La respuesta de Asia: gestionar el desorden

Es poco probable que Asia responda al colapso del antiguo orden con una resistencia abierta. En cambio, se está adaptando silenciosamente. Las expectativas respecto al liderazgo estadounidense ya se están reduciendo. Las alianzas se están diversificando en lugar de sustituirse. La flexibilidad, y no la alineación, se está convirtiendo en la estrategia dominante. Se trata de realismo estructural, no de deriva ideológica. Los Estados asiáticos reconocen que ninguna potencia por sí sola puede garantizar la estabilidad, pero que ninguna puede ser ignorada. La cobertura estratégica ofrece autonomía sin provocación.

Sin embargo, la gestión del desorden tiene un coste. Sin instituciones regionales más fuertes, la gestión de crisis dependerá cada vez más de la diplomacia ad hoc y la negociación bilateral, lo que aumentará la incertidumbre ante el riesgo de escalada. El fortalecimiento de los foros regionales, la profundización de la cooperación económica más allá del comercio y el desarrollo de normas compartidas en materia de tecnología y gobernanza climática ya no son opcionales. Esto, en palabras sencillas, significa que Asia se une para reescribir las reglas del juego, tanto para sus relaciones comerciales internas como externas.

El orden posterior a la Segunda Guerra Mundial no se está derrumbando porque esté siendo sustituido por una alternativa coherente. Se está derrumbando porque su principal patrocinador está abandonando sus propias reglas. Asia no diseñó ese orden, pero prosperó dentro de él. Ahora debe navegar por un mundo en el que el poder es más visible, las reglas son más débiles y la estabilidad debe gestionarse activamente en lugar de darse por sentada. Lo que surja a continuación no se decidirá solo en Davos. Se verá determinado por la forma en que los Estados asiáticos respondan a la incertidumbre, ya sea considerándola una invitación a la rivalidad o una oportunidad para construir un orden regional y mundial más resistente, aunque menos idealizado.

https://es.sott.net/article/103763-Que-significa-el-colapso-del-orden-mundial-para-Asia


La reorganización del mundo

Thierry Meyssan

Red Voltaire
jue, 05 feb 2026 16:29 UTC 

El mundo está cambiando muy rápidamente. El año 2026 puede verse marcado por el regreso a la división en zonas de influencia y el fin de los imperios coloniales. Pero veremos sobre todo el regreso al derecho internacional frente a las reglas que hasta ahora conocíamos. Sólo quienes sean capaces de entender esos cambios y de adaptarse rápidamente podrán seguir desarrollándose.


El mapa mundial establecido en la cumbre de Anchorage el 15 de agosto de 2025. El mapa mundial está dividido en tres zonas de influencia. Estas se indican en términos generales y actualmente se están negociando con mayor precisión.

Estamos viendo la reorganización del mundo según la reunión que los presidentes Putin y Trump sostuvieron en Anchorage (el 15 de agosto de 2025), el alto al fuego acordado en Gaza (el 10 de octubre de 2025) y la operación Absolute Resolve en Venezuela (el 3 de enero de 2026). Ahora está claro que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se repartieron el mundo en Alaska. El reparto tendrá que ser avalado durante el próximo encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.

La única información disponible es el mapa publicado por el analista ruso Andrei Martyanov. En ese mapa, el mundo aparece divido en tres zonas de influencia, lo cual no contradice el principio de un mundo multipolar. El derecho internacional primitivo -me refiero al que existía antes de la guerra fría- resuelve sólo algunos problemas y concede a los Estados la posibilidad de hacer lo que quieren dentro de los límites que ellos mismos se han fijado con la firma de tratados.

En mi última crónica expliqué que, al contrario de lo que todo el mundo afirma, si bien Estados Unidos cometió un crimen al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro, a la luz de las reglas anteriores, también podría decirse que no fue así ya que nunca se había comprometido a no hacerlo. Esta realidad puede parecernos chocante, pero eso no cambia la cuestión de fondo. En lo adelante, tendremos que funcionar según esa realidad.

Hasta ahora, el mundo estaba gobernado por los G5, G6, G7, G8, etc., un sistema que hasta ayer se componía de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.

La desaparición de esa estructura marca el fin de los imperios británico y francés. Francia tendrá que descolonizar Nueva Caledonia y la Polinesia; Estados Unidos tendrá que descolonizar Samoa, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses; Nueva Zelanda tendrá que descolonizar Tokelau; y Reino Unido tendrá que descolonizar Anguila, las Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, las Malvinas, Gibraltar, Monserrat, Santa Elena y las Islas Turcas y Caicos. Eso tendría que concretarse muy rápidamente si Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda quieren conservar algún tipo de presencia en sus antiguas colonias.

Es probable que se produzca una descomposición del Commonwealth. Como mínimo, sus miembros abandonarán su ciudadanía compartida.

El G7 se verá reemplazado por un C4 o un C5, conformado por China, Estados Unidos, la India y Rusia -el presidente Trump espera incluir a Japón [1] pero es posible que este último país no sea admitido, debido a sus declaraciones belicistas. China rechaza el ascenso del militarismo imperial nipón y el negacionismo del gobierno de Sanae Takaichi, así como su aspiración a controlar los microprocesadores de Taiwán y sus investigaciones sobre las tierras raras.

Teniendo en cuenta el poderío de cada una de ellas, las 4 principales potencias mundiales podrán hacer su voluntad en todos los asuntos no definidos por el derecho internacional -como Estados Unidos en el caso de Venezuela.

Varias alianzas regionales permitirán que algunas potencias secundarias desempeñen un papel importante.

No entraré a analizar el caso de la OTAN, que va a disolverse a mediados de 2027, o antes, dependiendo de la cuestión del traspaso de Groenlandia entre Dinamarca y Estados Unidos. Las protestas de algunos de sus miembros europeos serán inútiles en la medida en que no van a declararle la guerra a Estados Unidos, como tampoco van a declararle la guerra a Rusia.

La alianza AUKUS -entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos- tampoco logrará sobrevivir a la repartición del mundo.

También está llamada a desaparecer la Unión Europea. El show de Ursula von der Leyen con la firma del acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sólo precipita su caída: los pueblos de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría acaban de darse cuenta de que esa burocracia no defiende sus intereses, sino que sacrifica sus campesinos a las necesidades de la industria alemana.

Varias estructuras se encargarán del relevo: la Fuerza Expedicionaria Inter-ejércitos (JEF o Joint Expeditionary Force), una OTAN en miniatura encabezada por el Reino Unido, en la que se cuentan Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia y Noruega. Es probable que Ucrania se una a esa fuerza, mientras que Islandia se uniría a Estados Unidos -después de la cesión de Groenlandia. Al igual que Canadá y Groenlandia, Islandia se halla en la plataforma continental norteamericana, lo cual explica el "apetito" estadounidense.

Por su parte, Bulgaria, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia ya han conformado una "alianza del frente oriental", pero no parece seguro que esa nueva organización logre mantenerse ya que carece de presupuesto y de secretariado.

Esas alianzas militares estarán "emparejadas" con coaliciones políticas, siguiendo el modelo de la Unión Europea y la OTAN. La principal est la "Iniciativa de los Tres Mares", en la que ya se reúnen Austria, Bulgaria, Croacia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Chequia. Esta agrupación apunta a reeditar la medieval República de las Dos Naciones o el proyecto de la Federación Miedzymorze (Intermariumdel mariscal polaco Jozef Pilsudski (1867-1935), o sea crear una federación situada entre Alemania y Rusia. Se trata de un proyecto polaco, defendido por el presidente Karol Nawrocki, del partido Derecho y Justicia, mientras que el primer ministro polaco Donald Tusk, de la Coalición Cívica, milita por la "alianza del frente oriental".

En el Medio Oriente, la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán terminó gracias a la mediación china de 2023, pero se ha visto reemplazada por una rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que ya se ha expresado en Yemen y en Sudán. Sauditas y emiratíes, que hace sólo 4 años eran los mejores amigos, hoy son rivales absolutos.

Arabia Saudita trata formar una alianza con Pakistán, Turquía, Egipto y Somalia, mientras que Emiratos Árabes Unidos, que ya ha forjado alianzas militares con facciones sudanesas, libias y somalíes, se acercaría un poco más a Israel y trataría de atraer a Etiopía.

En África, la Alianza de los Estados del Sahel (AES) -Burkina Faso, Mali y Níger- es la única alianza militar regional y contaría con el apoyo de China y Rusia.

En América Latina, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) [2] ha dejado de funcionar y se está formando, por el contrario, alrededor de Argentina y Chile, una coalición de países que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

China, la India y Rusia mantienen la voluntad de preservar las Naciones Unidas. Sabiendo eso, el presidente estadounidense Donald Trump ha renunciado a abandonar la ONU. Es importante entender que gran parte de lo que la ONU había construido tendrá que desmantelarse para adaptarlo al derecho internacional. Porque, a pesar de lo que lo que solíamos creer, las Naciones Unidas no son el derecho internacional.

https://es.sott.net/article/103761-La-reorganizacion-del-mundo

De Cuba a Irán pasando por Venezuela con escala en el Derecho Internacional | #CinturónDeFuego

RUSIA. Preparados ante cualquier escenario tras el fin del acuerdo armamentístico con EEUU

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